Por la mañana llegaron Sofía y sus dos amigas. Las esperaba en el aeropuerto y pronto vi esa sonrisa franca y recibí su cariñoso abrazo. Iba tan distraído hablándole y escuchándola que me perdí en un barrio próximo al aeropuerto pero pronto volvimos a la autovía indicada. La abuela nos esperaba con la mesa puesta y una rica comida. Las amigas de Sofía muy de su cuerda, simpáticas, abiertas y con buena onda no dejaban a Marilina ellas servían los platos.
A los postres les hice un plan de lo que querían hacer para que no se perdieran entre metro y buses y salieron encetadas. Solo llevaban dos “ordenes”: si os perdéis, me llamáis y voy a buscaros. Y este hotel no tiene hora de cierre pero si vais a llegar tarde, nos llamáis para saber que estáis bien y tardáis en llegar porque os estáis divirtiendo. Son las 22:35 y ni han vuelto ni llamado así que no deben haberse perdido y no lo deben estar pasando mal.
Mañana contaré el segundo capítulo de este viaje.
Solo se tienen 17 años una vez en la vida. Los mios no fueron tan libres...
Y hoy tuve otra gran alegria. Pablo, mi primer nieto, hermano de Sofia y de Jorge ha escrito en mi blog en la entrada de los 7 nietos. Ya veo que mis escritos serán leidos por mis nietos. ¿Puedo recibir mejor noticia?
1 comentario:
Sabes que vivencio tus historias como propias, imagino rostros, bienvenidas, despedidas, reuniones, abrazos, en fin es tan ameno leerte y como pones sentimiento en lo que escribes, mi imaginación vuela...Les deseo disfruten de las chicas, del alboroto, de la chispa, de Sofía...
Besos a Marilina, a vos ya te di muchos jajajja.
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